Representación de el-discurso

ofuscadoWEBCon una intención representativa, Discurso ofuscado sirve de colofón a una serie de obras relacionadas directamente con la necesidad de discurso en la obra de arte contemporánea. Parece ser que las piezas puramente Estéticas carecen de Estatus y que el Concepto es lo que otorga Poder. Por requisitos formales, lo que por ahora nos ocupa es una descripción del proceso de creación y no una argumentación teórica. Separar ambos aspectos en una obra conceptual aporta un grado de dificultad narrativa y es la causa, que origina el aplazamiento del análisis de Estética, Estatus, Concepto y Poder en la obra de arte, nociones clave para comprender la serie que Discurso ofuscado resume.
Como colofón de una serie, resulta necesario conocer las piezas anteriores que originan el encuentro con Discurso ofuscado y detallar lo sucedido en el proceso de creación.
Primero existe una búsqueda del referente entre todos los existentes en la realidad o en la imaginación. Con ello quiero decir que el referente a representar podría ser desde un bodegón hasta un ser mitológico e incluso el dolor humano. En este caso, el referente a representar es el-concepto en la obra de arte y no un-concepto concreto. No hay que pasar por alto el cambio de adjetivo delante del sustantivo y es que una mala interpretación nos puede llevar a confusión. Al representar el-concepto, al igual que se puede representar otras realidades abstractas como el amor, el odio o el hambre, podemos dotarlo de significados y emociones diferentes. Se puede representar el-concepto, como entidad, de diferentes formas y cada representación podrá tener un-concepto diferente. De esta manera una representación de el-concepto podrá adquirir un concepto concreto y otra representación de el-concepto tendrá otro concepto concreto diferente. Y es que hay mucho que decir sobre el-concepto en la obra de arte.
Una vez elegido el referente a representar lo que procede a continuación es elegir su representación. Toda la serie tiene una representación similar con pequeñas variaciones que otorgan a el-concepto discursos diferentes. Al autoimponerme la adecuación a los tiempos y dejar constancia de ello, la mejor representación posible de el-discurso viene de la mano del apunte de clase, de la palabra escrita. El concepto es discurso y el discurso es palabra. Existe un segundo proceso de búsqueda de referentes dentro de los referentes, es decir, de búsqueda del objeto x dentro de todas las x, de búsqueda del apunte genuino dentro de toda la colección. Este proceso reiterado de búsqueda lleva implícita la razón, la comparación.
La técnica serigráfica es la elegida para llevar a cabo esta serie, por la capacidad que posee de transformar y convertir los objetos en objetos artísticos y coleccionables. En el proceso serigráfico de realizar el positivo, el referente deja de ser referente y se transforma en su sombra, es decir, el apunte ya no es apunte, es otra cosa sobre un acetato. Puede que obviemos este proceso con el fin de no desintegrar el referente, de no insolar una sombra. Conceptualmente no es lo mismo insolar en la pantalla un corazón de vaca que un positivo impreso conseguido mediante un escáner. Sea con positivo en acetato o sin él, el referente siempre se convierte en su sombra al acabar modificado y atrapado en una pantalla. Existe la posibilidad de estampar directamente sobre el papel con el referente, «con el corazón de vaca» pero estos son los límites de la serigrafía, debemos de pasar por lo menos, por la pantalla.
Lo que sucede en el caso práctico de los apuntes es que su descomposición, su cambio de naturaleza, ha sido múltiple (como puede verse más abajo). Primero, han sido convertidos en positivo mediante un proceso infográfico, posteriormente su naturaleza ha cambiado al adaptarse a la pantalla y ha surgido así un nuevo objeto, que nada tiene que ver ontológicamente con su referente. Añadiendo al proceso serigráfico de desmaterialización y materialización, la combinación de varios apuntes para generar la ficción de uno solo, la naturaleza del apunte cambia, transformándose en objeto artístico, tanto por la intención como por el proceso que conlleva toda disciplina artística.

Una vez conseguida la representación estética de el-discurso en la obra de arte procedo a reflexionar sobre el contenido de éste, sobre qué quiero contar de el-discurso en la obra de arte y lo que puedo hacer con él. Con Negación del discurso, la investigación teórico-práctica se torna más intrincada. La pretensión de este ejercicio es la de negar un-discurso concreto, no negar el-discurso en la obra de arte. Existiría la posibilidad de negar tanto como de afirmarlos. Al tratarse de una imagen compuesta por una fotografía, posee la capacidad de transformación de significado propia de la imagen. Las posibilidades de significados y de negación de discursos concretos son múltiples. La negación de un discurso específico, como puede ser el amor, el afirmar “no estoy hablando de amor” hace que el espectador tenga la posibilidad de imaginar otros. Quedan abiertos así significados relativos a  la sexualidad, al espectáculo, a la aglomeración, al abuso o la tecnología de la información. Sin embargo, el único discurso intencionado es el de negar un discurso concreto, negar que el contenido conceptual de esta obra tenga que ver con la infraestructura arquitectónica visible, de ahí la leyenda inscrita en la propia imagen, “No estoy hablando de arquitectura”.

La experimentación con la representación del discurso continúa con El discurso resta. En este caso se le añade un discurso cualquiera a una imagen cualquiera y es indiferente la elección porque pretende ser genérico, universal. Se quiere, en última instancia, transmitir la idea de concepto, de discurso. Lo que sucede al aplicarle un discurso a una imagen es que ésta queda codificada por él. Este suceso es aceptado. A una imagen se le puede añadir un significado. Al añadir un concepto concreto a una imagen suprimimos otros posibles y quizás sea ésta la labor del artista, el elegir uno de los significados posibles y descartar el resto, suprimir el resto de significados que no reclaman nuestra atención.

Queda claro con todo ello que el camino de creación de Discurso ofuscado ha sido un proceso de búsqueda  conceptual. Gracias a la experiencia desarrollada durante el proceso podemos afirmar que el-discurso, como realidad abstracta y común en las obras de arte conceptuales, es representable; que al negar un discurso concreto, se abre el abanico de interpretaciones y que, al añadir un discurso concreto a un objeto se suprime el resto de posibilidades de significado. Sea cual sea nuestra elección de uso sobre el-discurso en la obra de arte podemos afirmar que el espectador siempre habrá de descubrirlo. Deberá sumergirse en la producción artística  para averiguar cuál es el contenido de éste.

En el arte posmoderno, existen casi tantas fórmulas de usar el árbol de arte posmoderno y por lo tanto, de representar un discurso concreto, como artistas que lo ejecutan. Una acción contendrá las diferentes representaciones de los diferentes espectadores que se enfrenten a ella. El público que consuma nuestro arte deberá desencriptar el contenido conceptual tras la experiencia estética ante la que se encuentra, averiguar el mensaje cifrado que el artista dejó. A diferencia de lo que acontece en el arte de masas, en el arte de vanguardia el discurso queda ofuscado.

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